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Soy Sereno

Fue hace mucho tiempo, pero lo recuerdo como si fuera hoy: comencé a escribir por la ferviente y emotiva vanidad púber de percibir en mi pensamiento un exquisito aroma a legado. Tal era mi vanidad que creí, por años, que dialogaba con certeza desde un futuro venturoso hacia un presente que no me comprendía.

Pasó el tiempo y caí en cuenta que en realidad no hacía otra cosa que sembrar dudas sobre dudas; nada había de cierto ni digno de ser heredado, todo se leía como simples nociones infantiles.

Comprendí que el error fue creer que podía y debía encontrar respuestas cuando, lo que quería y necesitaba, eran preguntas. Fue entonces cuando llegué al razonamiento que la pregunta contiene, esencialmente, desde su concepción, cifrada o en búsqueda, una respuesta, una reacción. Entonces, el legado de una persona radica en sus dudas, no en sus certezas; la intención de comprender más allá de lo conocido, asimilando a la verdad como una respuesta comunitaria y que el lazo de la verdad nos interpreta y obliga a interpretarnos desde la significación social.

Los años no me han hecho viejo, sino, Sereno y ello me ha permitido ser pasajero en tránsito del lenguaje con el que construyo realidad.

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